El edificio en el que hoy se encuentra el emblemático Gran Hotel Miramar de Málaga celebra su 100 aniversario, consolidándose como uno de los referentes arquitectónicos, sociales y culturales de la ciudad. Su historia centenaria refleja la evolución de Málaga a lo largo del siglo XX y XXI, desde el esplendor de la Belle Époque hasta su proyección internacional como destino turístico de lujo.
Inaugurado en 1926 por Sus Majestades los Reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia, el inmueble nació como Real Hotel Príncipe de Asturias, concebido para situar a Málaga en el mapa de los grandes destinos turísticos europeos. Su arquitectura, obra del arquitecto Fernando Guerrero Strachan, ofrecía un diseño monumental y espacios luminosos frente al Mediterráneo, integrando lujo, confort y paisaje desde su origen.
Un edificio que se adapta a la historia
Entre 1926 y 1936, el hotel desarrolló plenamente su vocación original como hotel de lujo, convirtiéndose en epicentro de la vida social, cultural y turística de la Málaga burguesa y cosmopolita. Sus salones acogieron bailes, banquetes, grandes celebraciones y eventos de relevancia nacional e internacional, simbolizando una ciudad abierta al mundo y al progreso.
Con el estallido de la Guerra Civil Española (1936–1939), el edificio fue incautado y transformado en Hospital de Sangre y Hospital Militar, poniendo sus instalaciones al servicio de una función humanitaria esencial durante uno de los periodos más duros de la historia contemporánea del país.
Finalizada la contienda, entre 1939 y 1940, el hospital fue clausurado y el edificio atravesó una etapa de transición y obras de adecuación para recuperar su uso hotelero, en un contexto especialmente complejo marcado por la posguerra, la II Guerra Mundial y el aislamiento internacional de España.
Segunda parte hotelera
El 21 de diciembre de 1940 se produce la reapertura oficial del Hotel Miramar, iniciando una segunda etapa hotelera que se prolonga hasta 1967. Durante las décadas de los cuarenta y cincuenta, el hotel vuelve a posicionarse como referente social y turístico, recuperando progresivamente su actividad y celebraciones de alto nivel. En estos años se acometen importantes obras de modernización, en 1954, y una ampliación en 1959.
A partir de los años sesenta, la actividad hotelera entra en un lento declive que culmina en 1967 con el cierre definitivo del hotel, dando paso a una larga etapa de abandono, deterioro y debate sobre posibles usos futuros.